domingo, 11 de noviembre de 2012

La campana cascada - Charles Baudelaire

"En las noches de invierno es amargo y es dulce
Escuchar, junto al fuego que palpita y humea,
Como se alzan muy lentos los recuerdos lejanos
Al son de carillones que suenan en la bruma.

¡Feliz campana aquella de enérgica garganta
Que, pese a su vejez, conservada y alerta,
Con fidelidad lanza su grito religioso
Como un viejo soldado que vigila en su tienda!

Pero mi alma está hendida, y, cuando en sus hastíos,
Quiere poblar de cantos la frialdad nocturna,
Con frecuencia sucede que su cansada voz

Semeja al estertor de un herido olvidado
Junto a un lago de sangre, bajo un montón de muertos,
Que expira, sin moverse, entre esfuerzos inmensos."

viernes, 12 de octubre de 2012

Una canción puede decir más que mil palabras - Mr Tambourine Man

Y bien podría crear una entrada más extensa hablando sobre esta canción, pero ¿para qué añadir más cuándo existe esta música y estas palabras con tanta belleza?. Un grito desesperado a la esperanza y a la belleza, así es como concibo yo esta canción y no voy a entrar a debate de las múltiples opiniones que existen sobre su letra, simplemente me refugio entre la melodía y las palabras de esta hermosísima canción y canto y grito junto a ella, deseando que un día el señor de la pandereta llegue a mi vida y me libere






Mr. Tambourine Man
Señor de la pandereta
Hey! Mr. Tambourine Man,
play a song for me,
I'm not sleepy
and there is no place I'm going to.
Hey! Mr. Tambourine Man,
play a song for me,
In the jingle jangle morning
I'll come followin' you.

Eh, Señor de la pandereta,
toca una canción para mí,
no tengo sueño
y no hay sitio a donde pueda ir.
Eh, Señor de la pandereta,
toca un canción para mí,
en la mañana tintineante
te seguiré.



Though I know that evenin's empire
has returned into sand,
Vanished from my hand,
Left me blindly here to stand
but still not sleeping.
My weariness amazes me,
I'm branded on my feet,
I have no one to meet
And the ancient empty street's
too dead for dreaming.
Aunque sé que el imperio de la tarde
se ha vuelto arena
esfumada en mi mano
me ha dejado a ciegas aquí de pie
pero no puedo dormir.
Mi fatiga me sorprende
estoy marcado a mis pies,
a nadie tengo que encontrar
y la antigua calle vacía está
demasiado muerta para soñar
Hey! Mr. Tambourine Man,
play a song for me,
I'm not sleepy
and there is no place I'm going to.
Hey! Mr. Tambourine Man,
play a song for me,
In the jingle jangle morning
I'll come followin' you.

Eh, Señor de la pandereta,
toca una canción para mí,
no tengo sueño
y no hay sitio a donde pueda ir.
Eh, Señor de la pandereta,
toca un canción para mí,
en la mañana tintineante
te seguiré.



Take me on a trip
upon your magic swirlin' ship,
My senses have been stripped,
my hands can't feel to grip,
My toes too numb
to step,
wait only for my boot heels
To be wanderin'.
I'm ready to go anywhere,
I'm ready for to fade
Into my own parade,
cast your dancing spell my way,
I promise to go under it.

Llévame de viaje sobre
tu mágica nave giratoria
mis sentidos han sido despojados
no puedo sentir el apretar de mis manos,
tengo los pies demasiado entumecidos
para andar
sólo esperan en mis los tacones de mis botas
para errar.
Estoy listo para ir a cualquier lugar
estoy listo para desaparecer
en mi propio desfile,
lánzame a mi paso tu hechizo danzante
prometo que me someteré.



Though you might hear laughin',
spinnin', swingin' madly across
the sun,
It's not aimed at anyone,
it's just escapin' on the run
And but for the sky there are
no fences facin'.
And if you hear vague traces
of skippin' reels of rhyme
To your tambourine in time,
it's just a ragged clown behind,
I wouldn't pay it any mind,
it's just a shadow you're
Seein' that he's chasing.

Aunque pudieras oir una risa,
girando, dando vueltas locamente
bajo el sol
no se dirige contra nadie,
es sólo escaparse en la huida
y salvo por el cielo
no hay barreras delante.
Y si oyes vagos vestigios
de saltarines tornos de rima
al ritmo de tu pandereta
es sólo un payaso andrajoso
yo no le haría ningún caso
lo que ves es sólo una sombra
que él persigue.
Hey! Mr. Tambourine Man,
play a song for me,
I'm not sleepy
and there is no place I'm going to.
Hey! Mr. Tambourine Man,
play a song for me,
In the jingle jangle morning
I'll come followin' you.

Eh, Señor de la pandereta,
toca una canción para mí,
no tengo sueño
y no hay sitio a donde pueda ir.
Eh, Señor de la pandereta,
toca un canción para mí,
en la mañana tintineante
te seguiré.



Then take me disappearin'
through the smoke rings of my mind,
Down the foggy ruins of time,
far past the frozen leaves,
The haunted, frightened trees,
out to the windy beach,
Far from the twisted reach of
crazy sorrow.
Yes, to dance beneath
the diamond sky
with one hand waving free,
Silhouetted by the sea,
circled by the circus sands,
With all memory and fate driven
deep beneath the waves,
Let me forget about today
until tomorrow.

Hazme luego desaparecer
tras los anillos de humo de mi mente
bajo las brumosas ruinas del tiempo
más allá de las hojas heladas
de los encantados árboles asustados
fuera de la playa
lejos del funesto alcance
de la loca tristeza.
Sí, a bailar
bajo un cielo de diamantes
ondulando libre una mano
enmarcado por el mar
cercado por las arenas del circo,
con todo recuerdo y destino
profundamente hundidos bajo las olas
déjame que olvide el hoy
hasta mañana.
Hey! Mr. Tambourine Man,
play a song for me,
I'm not sleepy
and there is no place I'm going to.
Hey! Mr. Tambourine Man,
play a song for me,
In the jingle jangle morning
I'll come followin' you.

Eh, Señor de la pandereta,
toca una canción para mí,
no tengo sueño
y no hay sitio a donde pueda ir.
Eh, Señor de la pandereta,
toca un canción para mí,
en la mañana tintineante
te seguiré.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Ocaso y vida - (relato corto)

Estaba sentada en uno de los sillones del salón, un lugar amplio donde pasaba la mayor parte de sus días dedicada a sus aficiones artísticas. El salón llevaba ya intrínseco su perfume, su esencia flotaba por toda la habitación como si fuera una prolongación de su propia persona. Un lugar que había sido testigo de toda la solitaria y silenciosa vida de aquella joven mujer.

Atardecía y un leve resplandor anaranjado se sumergía en la habitación a través de las amplias ventanas con una gran pureza debido a que las cortinas estaban completamente corridas. Un gran piano de cola se escondía tras la única sombra que residía en la habitación situado en un rincón de ésta. Un viejo y pequeño equipo de música sonaba contiguo al sillón donde ella se encontraba, situado sobre una desvencijada mesa de madera con unos estantes en su parte inferior lleno de discos donde abundaban pianistas con piezas lentas y melancólicas y artistas folk de voces lánguidas y letras íntimas. La música que sonaba era una pausada pieza de piano

En el sillón yacía ella, vestida con un camisón ilustrado con flores, amplio y andrajoso que cubría su delgado y frágil cuerpo apenas contoneado más que por unas ligeramente sinuosas curvas. Éste permanecía enjuto, sin energía, como si apenas pudiera soportar el peso de la gravedad. Su cabeza estaba ligeramente ladeada hacia la derecha, y sus dedos, portados por brazos sostenidos apenas con fuerza sobre uno de los respaldos del sillón, jugueteaban dulcemente por los pasajes de su larga, espesa y ligeramente ondulada melena castaña que rodeaba su rostro; un rostro claro de naturaleza, pero en ese momento, pálido, casi blanco inmaculado. Su constitución era considerablemente delgada, sus rasgos faciales, finos y delicados y su piel aterciopelada, pero grasienta y sucia en aquel momento. A pesar de su harapienta apariencia, su rostro emanaba una mística y magnética belleza.

Su rostro blanco era apenas desvirtuado por unas pequeñas pecas que hacían sombra a sus grandes ojos azules que se vislumbraban medrosos, como un grito desesperado que nacía directamente desde su trémula pupila, algo que contrastaba con la imagen general de su rostro, protagonizaba por una aparente serenidad inamovible. Sin embargo, sus ojos no mostraban lágrimas, ni tan siquiera el poderoso resplandor del Sol al atardecer iluminándolos podía revelar un ligero atisbo de humedad en ellos. No, no eran lágrimas lo que pudiera residir en sus ojos, algo que ella hubiera agradecido como un auténtico regalo excepcional. No, era otra cosa; era pánico, auténtico terror. Era un dolor tan interiorizado, tan empozado en su alma que apenas podía percibir la sensación misma del dolor como algo excepcional, sino como algo que caminaba con ella a cada paso.

La música no se escuchaba apenas, se enmascaraba continuamente por el abundante ruido procedente de la calle, pero ella ya había dejado de escucharla hace tiempo, las notas pasaban por su oído como meros sonidos discordantes sin que a ella le produjera ninguna sensación. Se encontraba completamente ensimismada, su mente estaba en otro lugar, navegando perdida por los rincones de algún recuerdo, de algún sueño o de alguna idea, o quizás de alguna mezcla caótica de todo ello.

Se levantó lentamente y con dificultad, apagó definitivamente la estéril música y se dirigió hacia el piano, sumergiéndose en la sombra en la que éste se encontraba. Se sentó lentamente en el asiento de éste e intentó tocarlo, pero sus trémulas manos, sin energía y sin vida, apenas podían dar con las teclas correctas, a pesar de su gran virtud habitual. Frustrada, dio un fuerte golpe en el piano acompañado de un agudo y desgarrador gemido involuntario, que produjeron un poderoso estruendo homogéneo que se quedó remoloneando durante varios segundos en el eco de la habitación hasta que finalmente se fueron desvaneciendo acompañados progresivamente hasta que se hizo el silencio desvirtuado por el permanente sonido del tumulto callejero. Las manos continuaban apretando las mismas teclas y su cabeza se mantenía gacha hacia delante, haciendo que su pelo ocultara las manos entre su manto mientras delicadamente rozaba las teclas contiguas. Se quedó así durante varios segundos, inspirando y expirando con fuerza pero con regularidad y lentitud. Entonces levantó la cabeza suavemente mientras se retiraba el pelo de la cara con una mano y se lo  mantenía detrás de la cabeza. Giró la cabeza y escudriñó la amplia habitación, mirando a todos lados hasta que sus ojos dieron a parar con uno de los muchos cuadros que colgaban en la pared pintados por ella hacía ya mucho tiempo. El terror de sus ojos se había trasladado a toda su mirada.

Volvió la cabeza de cara al piano, pero sin prestarle atención a éste. Reposó su cuerpo en el respaldo del asiento y empezó a morderse las uñas con nerviosismo. Entonces, su cara se giró hacia la ventana, una ventana corredera que nacía desde el suelo y daba lugar a una pequeña terraza al atravesarla. La miró detenidamente durante varios minutos con una mirada tan nostálgica y melancólica hasta donde podía alcanzar la percepción de esos sentimientos, como si viera los retazos de toda su vida a través del cristal. Empezó a temblarle el cuerpo. Se levantó con decisión y con paso entrecortado fue hacia la mesa situada detrás del sillón, arrancó un papel de su cuaderno de poemas y una pluma con la que solía escribir a menudo e intentó escribir algo en él. Escribió la fecha y unas palabras que tachó rápidamente, volvió a intentarlo a continuación y volvió a tachar, entonces, frustrada, cogió el papel haciendo una bola y arrancó otro del cuaderno, volvió a escribir la fecha e intentó escribir de nuevo. "Mi nombre es... Mi nombre es..." había escrito dos veces sin darse cuenta, volvió a hacer otra bola de ese papel y lo tiró al bote de tinta, haciéndolo  volcar y manchando completamente la mesa y su cuaderno de poemas quedando varios de ellos emborronados. Lanzó una fila de gemidos y se volvió a echar el sillón, echando todo el peso de su cuerpo sobre él como si hubiera caído vencida de un disparo y se cubrió el rostro con las manos, en sepulcral silencio mientras el eco de los gritos iba desvaneciéndose de nuevo y volvía a quedar en silencio la habitación con el tumulto callejero de fondo acompañando.

Tras varios minutos tirada de nuevo en el sillón, con la cabeza gacha y las manos tapándole la cara, alzó la vista con un ojo por entre los dedos y volvió a mirar a la ventana quedándose durante unos segundos en esa posición, respirando con fuerza. Se levantó con todo su cuerpo tembloroso como si hubiera un terremoto en su interior y con un paso lento que parecía guiado al compás de sus marcadas inspiraciones y expiraciones que se iban acentuando e irregularizando (al igual que su paso) se dirigió hacia la ventana, corrió la puerta y entró en la pequeña terraza rectangular con más anchura que longitud.

Se acercó a la barandilla y dejó caer su cuerpo hacia ella mientras se apoyaba completamente lánguida con los brazos en ésta. Miró al lejano suelo y escudriñó la distancia que había entre éste y el lugar en el que se encontraba. Empezó a mirar los alrededores de su edificio: los niños jugando en el parque, la gente paseando, los coches pasando uno tras otro. Lo veía desde una posición completamente aislada, como si desde su posición pudiera ver moverse al mundo entero bajo sus pies, todo su mundo, toda su vida, todo su pasado, todo su presente, todo su futuro y toda la eternidad se había sintetizado en ese mismo momento, en el paisaje que observaba desde su terraza. Sus ojos se apartaron del ajetreo callejero y fueron depositados en dirección al Sol poniente apunto ya de ocultarse definitivamente. Lo observó fijamente, apenas pestañeando, incesante hasta que desapareció completamente. En ese momento sus ojos se humedecieron a causa de la cegadora luz del Sol y giraron hacia la Luna mientras el cielo carmesí se iba volviendo azul oscuro. Sentía una enorme presión en el pecho, como un torniquete profundamente apretado en su corazón, acentuándose cada vez más y más esa sensación hasta llegar a un dolor que apenas la dejaba respirar. Sus inspiraciones sonaban agónicas y entrecortadas.

 Con todo su cuerpo temblando y la mirada completamente perdida y aislada de su propio cuerpo cogió y una silla y se subió a ella. Se apoyó con sus manos en el techo de la azotea y sin dejar de apretar fuertemente los brazos para sujetarse en su superficie puso lentamente uno de los pies en el posamanos de la barandilla. Una vez puso uno intentó, más lentamente apoyar el otro, para luego incorporarse con la fuerza de sus manos y sus pies en una posición más recta, vertical a la posición de la barandilla, con sus pies en el posamanos y sus manos un tanto atrasadas, sujetándose al techo, a un solo palmo del vacío. Una ligera brisa corría desde el este haciendo que su pelo jugueteara por su cara cubriéndole por momentos la vista. Se mantuvo en esa posición durante varios minutos, manteniendo sus ojos perdidos remoloneando en el contorno del cielo. Su cabeza giraba sobre sí misma, sus piernas temblaban, su corazón se mantenía encogido y profundamente presionado sobre sí mismo, su respiración sonaba como toscos balbuceos doloridos, hasta que finalmente su imagen se desvaneció de lo alto de la barandilla con un grito exasperado que finalizó en un golpe seco mientras el eco del grito se iba desvaneciendo poco a poco en el aire. Y ya solo quedó silencio en aquella solitaria habitación que seguiría siempre con el mismo perfume, un silenció acompañado por el constante sonido del tumulto callejero.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Un día como hoy


Hoy la soledad depositó su semilla de hastío en mi alma
Hoy la nostalgia abrió sus puertas de traición en mi mente
Hoy estoy taciturno y aislado en la nave de mi ser

Cuerpos me rodean, pero inertes y apagados
Oigo voces, pero distantes y lejanas
Veo un rostro, pero lo veo turbio
Siento una caricia, pero la siento débil

Todo nublado, todo nublado.

Hoy solo oigo el eco de mi tormento flotando en mi cabeza
Hoy solo veo la brumosa capa de mis ojos
Hoy solo me rodea un yermo
Hoy solo siento soledad
simple y desesperada
soledad.