Él estaba en la azotea,
un papel curtido con algo escrito
en una mano,
unas cerillas
en la otra.
Le prendió fuego al papel
y lo lanzó al vacío.
Cinco pisos,
se consumió antes de tocar el suelo.
Luego se lanzó él,
se estampó contra el suelo,
rebotó casi dos metros.
La gravedad no entiende de poesía.