Soy un artista de la sed y tú lo sabes.
Has podido verlo esas veces que me oíste gritar,
entrañas en las manos, dentelladas en los ojos,
en vanos intentos de aterciopelar el rostro de animales malheridos,
de hombres elefante maldecidos por la fatalidad de la miseria.
Pero eso, y tú también lo has visto,
no conseguía mas que ensordecer al sordo,
enmudecer al mudo
Bruma sobre bruma
Vacío sobre vacío
Pero dejaré los gritos, y tú
ya no recibirás mas abrazos de cristales rotos
(Tú, poeta con ojos de fuego y sangre)
No pretendas contornear lo insondable, marcar distancias a estos vértigos
Sigue abrevando con manchas de tinta corazones armados de fiebre
(con esas miradas de vino que derriten las ciudades)
Que yo mientras intentaré descifrar la música que la vida me esconde,
e intentaré hablar del cielo aunque mis palabras estén manchadas de tierra
No transformes este susurro en un grito, ni mis caricias en metal
Como un prisma, sigue reflejando en tu mirada el infinito
(con tu corazón en una mano y el mundo en la otra)
Yo solo soy un cristal con el que te cruzaste un día,
y en el que pudiste verte reflejada, sin cesar el paso
Unos ojos que te acompañaban solitarios hacia aquello que solo tú creías ver
Una rosa anónima que alguien dejó tras tu puerta, tras limar las espinas
Y todo esto que recolecto en forma de suspiros,
no son mas que fragmentos de tu propio aroma
porque nada creo con estas palabras,
solo soy un espejo curvado e imperfecto que te refleja
una caricia de bruma desde algún abismo insondable
una mano compañera, que nada se permite esperar.
Solo soy un simple artista de la sed,
y eso
ya lo sabes
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